lunes, mayo 09, 2011

Leer o ser ruido blanco


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El nuevo monstruo de las generaciones contemporáneas parece ser un texto de más de 300 palabras; tan cierto es este hecho que me esfuerzo por ser breve, aunque muchas veces siento que para lograrlo debo dejar cojas a mis ideas.

La lectura es una herramienta que ha sido útil para la invención, para la solución de problemas y para la innovación. Si bien muchas personas prefieren entrar en contacto con la información por medio de podcasts o videos la función es la misma; leer no se trata sólo de la decodificación de símbolos, es un proceso, un resultado más profundo que tiene que ver con la interiorización, con la digestión del material al que te expones, de ahí que ver una película o asistir a una obra de teatro sean modos distintos de lectura, intentos de comprender el entorno que casi inevitablemente producen ideas nuevas.

El acto de leer conscientemente es un método que moldea el pensamiento y por ende la plataforma desde la que observas el mundo. Hoy en día los medios de comunicación, redes sociales incluidas, se apuran a responder las preguntas y los comentarios de los fanáticos de un modo estereotipado y elegante, pero rara vez proponen algo nuevo porque quienes los escriben no tienen una trayectoria rica ni interesante, limitándose a disparar palabras como máquinas sin consciencia. Quizás sea por eso que siento constantemente que vivo en un mundo liderado por adolescentes.

Hombres y mujeres desde que tienen veintitantos hablan con vocecitas de infantes, al peor estilo de Michael Jackson haciendo evidente el miedo y el asco que sienten por la adultez. Quieren, desesperadamente ser originales y reconocidos haciendo lo mismo que quienes les rodean, por lo que es cada vez más difícil, aunque se logra, encontrar una persona con ideas originales, o al menos diferentes de aquellas que caminan por las calles, que parecen estar enteramente pobladas por gente que lee lo necesario para eskrivir azi, y  beber Coke en lugar de Coca-Cola porque eso la hace más kool.

La lectura a través de diversos formatos, audiovisuales o no, es necesaria para alimentar la creatividad y el criterio propio, que cuando está destilado se expresa con pertinencia y sin temer las críticas ajenas ─muchas veces débiles─ que sólo buscan evitar que un disidente tenga voz propia, que deje de ser ruido blanco pues con su presencia sólo recuerda eso que tanto se quiere olvidar: el carácter insulso de muchas vidas.
*Imagen de perpetualplum

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