miércoles, noviembre 11, 2009

Ahorrar es para valientes

Durante épocas de crisis financieras se reproducen como conejos los consejeros económicos, se abren en los noticieros secciones que le recuerdan a las personas los trucos dorados para ahorrar a la hora de hacer mercado, llevar siempre una lista detallada, nunca ir con hambre y dejar a los niños pataletosos en casa son los titulares del contenido que más adelante, al volver de comerciales, desarrollarán. Ellos son puros aficionados, no saben lo que es vivir a base de trabajos inestables, elegidos sin presiones, pero inestables de todos modos.

Un estilo de vida realmente austero exige disciplina y autocontrol, éste último entendido como la capacidad de resistírsele a la maquinaria consumista desde todos los frentes que ataca: televisión, tono de espera en el celular, radio, ventanas emergentes de internet y hasta sistemas de parlantes en carros que pasan por el barrio muy temprano, incluso los domingos. Los publicistas son sólo esbirros, esclavos de los comerciantes, quienes a su vez copian ciegamente las sugerencias de los consumidores encuestados en el último estudio de mercado, así el círculo vicioso se autoalimenta, el consumidor hace lo que le dicen los publicistas, que fue lo que le dijeron los comerciantes, que fue sacado de la opinión de los consumidores. Somos realmente pocos los que resistimos esta dinámica.

Es cierto que no vivo en un desierto o en Cuba, es decir no hablo desde la comodidad de una situación que me impide consumir o comprar como si no conociera el mañana, más bien soy muy corriente. Me uniformo con jeans, camisetas y tenis, sin pensar mucho si estas prendas fueron fabricadas por niños vietnamitas hacinados en construcciones llenas de asbesto, no, el comercio justo no me quita el sueño, pero tampoco desespero por descubrir los detalles que definen a una prenda original frente a una copia plebeya, me guío más por el “el gusto es el que mantiene” que por el “si no está a la moda y es de marca no me lo pongo”.

No sé cuándo se dio el fenómeno, sospecho que fue el resultado gradual de varias acciones que produjeron mi forma de ser, lo que sé ahora es que puedo entrar a un centro comercial, ver en una vitrina la blusa más hermosa que ha sido creada, preguntar el precio e irme a mi casa segura de que no llamaré a nadie para pedirle plata prestada, con tal de que mi cuerpo tenga el privilegio de lucir tan codiciada prenda. Yo salgo del almacén pensando:

“La blusa vale 50 mil pesos, yo tengo 300 mil y eso es lo que necesito para pagar tales gastos, por ende no me queda plata para la bellísima blusa, además tengo 40 blusas distintas en el closet, todas perfectas, o sea no necesito una más, pero sí necesito pagar mi seguridad social en caso de que alguna emergencia surja, a sabiendas de que el servicio es miserable, pero sale más barato que pagarlo sorpresivamente y completo cuando se llegue a necesitar”.

Luego de todo este análisis le hago caso a mi cabeza y me digo:

“Me conseguiré 50 mil pesos e iré a comprarme la blusa”.

Luego mi mente se distrae con el último capítulo de Lost, luego con el de House, M.D. y así hasta que el mentado chiro es quitado de la vitrina, llevado a un almacén de saldos y finalmente pasa a mejor vida, en ese punto ni un operativo avanzado de búsqueda será capaz de llegar a el. Y el mundo sigue igual.

Lo mismo pasa con idas a rumbiar al lugar moda, con televisores plasma o con el más reciente plato de cocina fusión creado por el chef más chic de la ciudad.

Para decir “no voy”, “no me lo compro” o “no se me da la gana endeudarme para eso” hacen falta cojones. La mayoría de las personas prefiere gastarse lo de dos almuerzos en una cerveza cara, insípida y chiquita antes de reconocer que la plata sólo le alcanza para una gaseosa grande que le rendirá toda la noche. Contados con los dedos de la mano, los que aceptarán sin chistar que prefieren quedarse en la casa, comiendo pizza de la esquina en lugar de ir cine, incluido súper combo de perro caliente, papas a la francesa, gaseosa y chocolatina, igual para eso el diablo hizo la tarjeta de crédito.

Todavía somos menos los que realmente disfrutamos una película vieja, que ya nadie recuerda haber visto en cartelera, prestada por un amigo, al tiempo que comemos ‘maní estilo japonés’ marca supermercado, porque sabe rico y es mucho más barato que ‘el de siempre’.

Ahorrar comprando sólo lo necesario para vivir, para divertirse siendo y no aparentando, hacerlo así durante años es sólo para aquellos con el valor suficiente para resistir la discriminación, a veces disimulada otras no tanto, de todos esos que se sienten mejores porque tienen el carro más nuevo, el celular más caro o un gigante cupo en la tarjeta de crédito, además de los que les darán apelativos como ‘vendidos’, ‘falsos comunistas’ o ‘activistas de mentira’ porque se niegan a unirse a una causa digna, porque su cobardía no les permite combatir al sistema de frente, en últimas porque siguen jugando a los equilibristas con sus presupuestos.

5 comentarios:

Sófía dijo...

Hola¡
Permiteme presentarme soy Sofía administradora de un directorio de blogs, visité tu blog y está genial, me encantaría contar con tu blog en mi sitio web y así mis visitas puedan visitarlo tambien.
Si estas de acuerdo no dudes en escribirme a sofiacastillo0801@gmail.com
Exitos con tu blog.
Un beso
Sofía Castillo

Licuc dijo...

Sofía de nuevo éxitos en tu proyecto.

josefo Malatrova dijo...

valla ,,,solo para ver que sigue de este estudio seguire tu blog , suena prometedor

Licuc dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Licuc dijo...

Josefo gracia por el comentario. Acá no actualizo tanto como acá Licuc