domingo, junio 28, 2009

Acerca de sabios, naturaleza y suerte

Como ya lo he dicho antes no soy especial sino alguien sumamente curiosa, parafraseando libremente a Einstein y hoy no es distinto el sentir.

Igual que millones de personas veo con cierta regularidad LOST; aunque sigo desconociendo el contenido de la 1ª temporada intento estar medianamente al día con los capítulos que transmite AXN para Latinoamérica, pero quizás sea por eso, por mi falta de compromiso y dedicación al seguimiento de la serie, que me he tardado mucho en descubrir facetas de esta que para otros resultan evidentes y hasta se les ocurran aburridas de tantas veces que las han visto repetirse, de todos modos no es mi caso y por ello agradezco profundamente que hagan especiales como el presentado el lunes pasado. Viéndolo corroboré una vez más la especialidad que posee el personaje de John Locke además del modo en que representa esa naturalidad que dicen tienen las entidades superiores de percibir el tiempo a una velocidad mucho mayor de la que somos capaces las criaturas terrenas.

Se me ocurre que esa sensación que se tiene con los años, de que el tiempo pasa cada vez más rápido, puede ser explicada en parte porque nos hacemos más sabios, más conscientes, en el mejor de los casos. Entendemos poco a poco que la suerte es algo importante porque la naturaleza en su conjunto no es justa, que el planeta hace lo que puede para defenderse de esta plaga inmensa que se llama humanidad, por eso sus tormentas, sus huracanes y sus terremotos son fenómenos purificadores que no tienen por qué detenerse a reflexionar si a quienes elimina son seres justos o no, así la devastación se vuelve un efecto de suerte, si la tienes buena no la sufres, si la tienes mala la desapareces.

domingo, junio 21, 2009

Exceso de caciques, escasez de indios

Las calles de Bogotá cuentan una historia acerca de cómo la gente está lidiando con la crisis económica que afecta a todos: los buses andan repletos a horas que se esperaría estuvieran desocupados, los parques no aguantan más gente haciendo ejercicio en horarios que se supone son para ir a trabajar y hay tantos trancones que no hay mucha diferencia entre coger un taxi en hora pico o en mitad de la tarde.

Como si eso fuera un simple hecho aislado, pasan tantas cosas que los políticos se pueden dar el lujo de decir que agradecen la ley de víctimas para al otro día mandar a su séquito en bloque a tumbarla, la gente anda tan ocupada encontrando qué comer que no le importan las promesas que hacen hoy para incumplírselas mañana, quizá sea por eso que muchos sueñan con ser caciques, con mandar a los indios que tienen cerca.

Desde hace varios años es frecuente que los profesionales - sólo un eufemismo de nuevos bachilleres - se reúnan en asociaciones para defender sus derechos, para lograr salarios más acordes al supuesto esfuerzo que hicieron en la época universitaria para lograr el título, así como para promover las iniciativas de negocios; hoy todos quieren ser emprendedores porque están hartos de ser maltratados por jefes que sólo quieren producir sin importar las condiciones en las que vivan sus empleados, el contrato a término indefinido cada vez está más cerca de la ya fantasiosa pensión para los menores de 40 y de este modo, todos estos elementos van poniendo las bases del inconformismo.

Cuando se crea una asociación de personas, no necesariamente de profesionales, todos comienzan con mucho entusiasmo la labor, hacen planes, inventan estatutos, códigos, normas y cuanta clase de reglamento se les ocurre para regular su actividad, salen a relucir los caciques que le dicen al resto de indios lo que está bien y lo que está mal, los indios aspiran a ser caciques, a dar órdenes, aspiran poder ser mañana los que le digan a otros qué hacer y qué evitar pero pasa el tiempo, pasa el tiempo en demasía y un día se aburren de ver cómo otros se revuelcan en el poder haciendo lo que quieren, ven a los líderes, ineptos o no, gozando mucho con la acción de mandar y se antojan, deciden entonces que es momento de dejar de ser masa para convertirse en individuos más visibles ante los demás, se sienten iluminados y se convencen de que la vida los premia porque se lo merecen, así nunca hayan hecho una simple propuesta a las organizaciones de las que han sido parte, sienten que lo que tienen no es suficiente, que no han participado como podrían y que los que están arriba nunca los dejarán llegar, entonces llega el momento de armar su propia asociación.

Un día se levantan los indios completamente decididos y arman su propia tribu donde serán caciques, ya no más indios, ellos, los indios serán otros, los que ahora se dejen mandar, manipular.

La historia se repite todos los años, online y offline, las reuniones se multiplican como un virus, el tiempo, la valiosa vida se pierde, se desperdicia en reuniones inútiles donde unos le acarician a otros el ego, donde se echan piropos en vez de pisarse los callos y decirse incómodas verdades, pasa, el tiempo pasa y pocos son los capaces de decir que eso que hacen no sirve para nada, ese sitio para donde creen dirigirse no existe, pero como es una cuestión de orgullo prefieren seguir para adelante, para allá porque es mejor seguir que aceptar que no se tiene nada para dar, que no se es nadie.

Lástima, si se detuvieran un momento para declarar la derrota podrían notar que es posible comenzar a construir algo realmente fuerte y significativo a partir de la nada, que si la gente se une para crear algo comprometiéndose a fondo, uniendo fuerzas y recursos tiene más posibilidades de trascender que si lo hace en pequeños incendios aislados, en pequeñas explosiones, pero no, el orgullo es primero, así como ser cacique antes que indio.