sábado, octubre 27, 2007

Si lo va a hacer de mala gana, mejor no lo haga

Ese es mi lema para la mayoría de las cosas en la vida, pues creo que no tiene sentido hacer las cosas así, de mala gana, pues quedan mal hechas y toca repetirlas, entonces si no me interesa de una digo no o por lo menos lo más rápido posible, pero es obvio que esa no es la filosofía de Clara Elvira Ospina o por lo menos no lo fue esta semana cuando acompañó a Álvaro García en la entrevista-debate a Samuel Monero y Enrique Peñalosa.

Que quede claro que ninguno de los dos me gusta, pero sí me gusta que los debates y las entrevistas sean lo más objetivos posibles.

Admito que no vi completo el programa. Se me olvidó que lo iban a pasar y cuando llegué a ese canal me molestó ver la cara de cólico que ponía esta vieja cuando Moreno hablaba, la forma en que los entrevistadores y Peñalosa atacaban al tiempo a Moreno y la posterior cara de güeva de la Ospina cuando Peñalosa decía algo, eso sin contar la falta de argumentos de ambos y el estilo de intimidación con el lenguaje corporal.

La tapa fue cuando los candidatos parecían comadres que se agarran y pelearon repitiendo 3 o más veces algo que el otro no les iba a poder contradecir, luego el otro hizo algo parecido.

Patético, realmente patético, en resumen eso fue un circo y la mentada periodista debió declinar la invitación de García. Esta campaña ha sido un asco por las no-estrategias de los que van arriba en las encuestas.

martes, octubre 02, 2007

Admirable Maldad

Éxito es la medalla que ganan aquellos que no tienen miedo, esos que están dispuestos a pagar cualquier precio para lograr lo que se proponen.

El modo en que funciona la mente del triunfador resalta por su concentración. Es capaz de mantener la atención fija en su meta durante meses e incluso años, al tiempo que juega al actor observador en los escenarios donde trabaja, mientras analiza las estrategias que deberá usar para ganar una a una las batallas que forman su lucha contra los enemigos de todos los días, seres que sólo tienen la misión de ponerle obstáculos en su camino hacia la victoria, aquella que por derecho verdadero le pertenece.

En su niñez aprendió que todas las personas que estaban a su alrededor le complacían constantemente porque venía de una familia privilegiada, una que estaba acostumbrada a gozar de lujos de forma natural. Raros hechos eran los que sucedían cuando campesinos atrevidos reclamaban derechos que creían tener. Se convirtió en un asunto de honor el ponerlos en su sitio, pues con su conducta sólo estaban incomodándole y esa actitud era motivo suficiente para vengarse, defendiendo de ese modo el nombre de su casa.

Decidió cobrar impuestos al trabajo, a la diversión, al sueño y en general a cualquier actividad que los villanos pudieran hacer a diario con tal de debilitarlos poco a poco y de forma constante. A veces salía al reino para ver cómo progresaba su plan, ese que le devolvería su propio bienestar, bienestar que nunca nadie debió robar…

Con el tiempo los campesinos se resignaron y aprendieron a vivir con las sobras que les quedaban luego de pagar los impuestos que la familia real les cobraba. Aprendieron que si querían tener un poco más debían quitárselo a quienes eran más pobres que ellos, como los ermitaños o los pueblos nómadas que a veces pasaban por sus tierras, pues al ser más débiles podían seguir con ellos el modelo que habían aprendido de sus líderes. Sí, esa era la ley de la vida, si te crees más que alguien más debes sacar provecho de ese que es menos, pues alguien que es más que tú ya se está aprovechando de ti y recuerda: aquel que triunfa es admirado sin importar cuál sea el precio del triunfo, así que la bondad es eso que antes llamaban maldad.