miércoles, marzo 21, 2007

Pesimismo a la Carta

Tengo el optimismo manchado por los acontecimientos recientes que he vivido.


Este año parecía, iba a ser muy productivo pero al acercarse el final del primer trimestre mis expectativas han cambiado radicalmente. Comencé animada, con fuerzas renovadas y listas para afrontar los retos profesionales que se asomaban, luego poco a poco la posible apretada agenda fue dejando más y más espacio libre para los compromisos sociales y laborales.

Tras un corto análisis comencé a notar que ciertos actos míos estaban siendo castigados por las empresas con las que trabajaba, entre ellos el demandar el cumplimiento de acuerdos verbales, que para mí son tan legales como los escritos, además de cobrar lo que considero justo por los servicio que proveo y ni qué decir dell “pecado mortal” que cometido cuando decidí irme de vacaciones en lo que “erróneamente” considereé mi propio tiempo.

El camino alterno, cuando el de la independencia económica y laboral luce tan accidentado, suele ser el de emplearse, esperando cumplir una labor proporcional a la remuneración recibida, mas en una sociedad como la colombiana, donde hay profesionales hasta manejando taxis los empleadores pueden darse el lujo de contratar como asistentes de gerencia a personas que hablan hasta tres idiomas y que tienen una maestría en el exterior, todo por la módica suma de 600 mil pesos más prestaciones.
Qué importa si el nuevo sólo dura cuatro meses en el cargo por intolerar la frustración que sentirá al desempeñar funciones para las cuales está sobreperfilado, qué importa si al cabo de ese tiempo habrá veinte o más personas con iguales o mejores habilidades para cubrir el cargo que nuevamente queda vacante.

Con razón se sube uno a un bus de Transmilenio y escucha conversando alegremente a un trío de estudiantes de ingeniería, provenientes de cualquier universidad pública, acerca de lo atractiva que suena la oferta de un guerrillero / paramilitar urbano para unirse a su organización a cambio de una suculenta cantidad mensual de dinero, una que sólo ofrecen empresas grandes a profesionales con cinco o más años de experiencia.

Mientras los políticos ofrecen créditos para profesionalizar a más gente y las organizacones se pelean por los pocos técnicos y tecnólogos que están cesantes.

Arriba Adriana Arboleda, Abajo Paris Hilton

La primera era una más, ahora es la segunda quien lo es.

En varias ocasiones Adriana Arboleda ha aparecido en el set del noticiero donde trabaja, luciendo femeninos zapatos de tacón bajo que promueven una apariencia además de estética saludable. Es gratificante ver a una figura pública con gran influencia social promoviendo hábitos razonables sin alejarse por completo de las tendencias actuales.

La deformación que consiguen algunas mujeres al usar zapatos con tacones altos es comparable con la que se causaban, cortándose y vendándose los pies, hasta hace unas décadas, las mujeres chinas para asegurarse de conseguir una buena unión matrimonial… y al fin de cuentas el uso de esos accesorios en estas tierras tiene un objetivo muy parecido. Aquí está la razón por la cual es de resaltar el estilo que propone la modelo antes mencionada.

En contraste, la cirugía a la que se sometió Paris Hilton para aumentar su talla de brasier contradice aquella filosofía que alegaba seguir: “diles lo que quieren oir pero haz lo que quieras” pues ya antes había declarado que “tener el busto pequeño hace que la ropa te quede mejor” quizás por aquello de que se es más parecida a un gancho.

El derecho a retractarse existe y esta mujer lo está ejerciendo, sin embargo decepciona un poco al rendirse a la tendencia de las modificaciones estéticas mediante cirugías cuando antes se había caracterizado por imponer la moda más que por seguirla.