martes, noviembre 14, 2006

El bolso femenino: un lugar familiar

Este artículo fue el que envié al concurso de El Tiempo, como no me llamaron sé que no gané y puedo publicarlo donde se me antoje, entonces acá está:

Yo tengo varias carteras y creo que son accesorios prácticamente indispensables, así haya días en los que se me antoja salir como los hombres, únicamente con las llaves y el celular entre los bolsillos, ah sí y con algo de plata, pero luego pienso: ¿qué tal necesite la cédula?, ¿y los demás papeles?, ay no, mejor llevo la billetera, pero no me cabe en el bolsillo, ni modo tocó llevar bolso; sí, las preguntas se materializan, más cuando se va a un lugar lejos de casa, hecho muy frecuente para mí que vivo casi saliendo de la ciudad, entonces cualquier vuelta sencilla requiere de esos mínimos elementos antes mencionados. Mínimos. Sí, mínimos porque una niña rara vez sale a la calle con sólo eso. En mi caso llevo además una bolsa con cosméticos, aunque de cosméticos sólo tenga el nombre, con vaselina para los labios y un espejo pequeño, el nombre se lo debe a que otras mujeres le dan el mentado uso poniendo en su interior toda clase de productos embellecedores como labiales, sombras, pestañina, perfume, crema para manos, sólo por nombrar los más comunes y claro la lima por si alguna una se daña. Volviendo a mi bolsa llevo siempre, siempre servilletas limpias o pañuelos desechables, las primeras recolectadas en cuanto restaurante, cafetería o panadería visito y los segundos en su mayoría comprados. La razón es simple: ir al baño cómodamente. Al usar los servicios sanitarios no siempre se corre con la suerte de encontrar un sitio impecable y con todos los implementos requeridos para satisfacer las necesidades naturales, entonces es cuando esta parte de la dotación trae sus recompensas.
Junto a los cosméticos llevo generalmente un par de gafas de sol con la misma fórmula que las correctivas, un portaminas o un bolígrafo con una libreta pequeña para apuntar algo, aunque el teléfono celular con su función de notas me sirve como una rudimentaria palm y reemplaza los anteriores elementos.
La verdad es poco lo que llena mi cartera mas es suficiente para mantenerme satisfecha mientras estoy fuera de mi hogar.
Creo que la razón principal por la que una mujer carga cosas en su bolso, sin importar cuáles sean, es esa, llevar el ambiente cálido de su casa a los lugares que visita. Me parece que la costumbre del bolso tiene mucho que ver con nuestro pasado como recolectoras de frutos y semillas, hacía falta alguna clase de artículo que nos permitiera cargar estos elementos cómodamente. Ahora en esta época en la que tenemos que cubrir grandes distancias para ir de un lugar a otro el gene nómada sale de nuevo a la luz con sus efectos. Ante la imposibilidad de regresar a casa varias veces durante el día la solución es trasladar los elementos más necesarios cerca de nosotras. No importa lo que haya en el bolso, seguro su dueña lo necesita para sentirse confiada.

martes, noviembre 07, 2006

Entendiendo a Catalina La Grande

Inspirada por la historia de esta mujer me dispongo a extrapolar su imagen al escenario contemporáneo.
De Catalina La Grande se decía que era una mujer adelantada a su tiempo, lo cual suena bien pero fuera de contexto no tiene ningún significado. Esta mujer se hizo a sí misma luego de permitir que se la maltratara y se la humillara. Ella no se quedó quejándose y permitiendo que los demás a su alrededor tomaran decisiones que la afectaban directamente. No fue como sus semejantes de la época que acababan decapitadas o encerradas en monasterios. Pero basta de negativas porque la vida de esta mujer fue una afirmación.
Catalina II, si no me falla la memoria, se dedicó a hacer su vida en una época en que se esperaba de las mujeres que fueran sumisas y caseras. Ella se dio cuenta a tiempo que su futuro debía estar en sus manos y no en las de terceros, por eso, tomó decisiones que aunque polémicas la convirtieron en el personaje histórico que aún dos siglos después de su muerte es capaz causar inspiración.
Catalina fue una mujer brillante en lo político y en lo intelectual. Estas capacidades le permitieron vivir una vida cómoda desde lo material sin embargo en cuanto a las relaciones no fue tan afortunada. Ella tuvo varios amantes que en su momento cumplieron distintas funciones para lograr armar el imperio por el cual fue famosa. Sólo uno de ellos la acompañó durante varios años y la clave estuvo en su cerebro.
Hombre tras hombre Catalina fue comprobando que mientras ella crecía en varios aspectos, sus acompañantes seguían casi iguales a como los había conocido. Mientras ella tenía hambre de conocimientos y de poder ellos permanecían satisfechos con los logros que apenas y los habían acercado a ella. Quizás la única excepción fue Potemkin, quien siguió creciendo casi al ritmo de su compañera.
Al hacer este recuento sólo se presenta una versión distinta de algo que se vive a diario en la época contemporánea. Una mujer se hace una profesional exitosa y cuando cree que tiene todas las herramientas necesarias para establecer una linda y estable relación de pareja se estrella. Se encuentra con hombres que tiene su mismo nivel educativo, acaso uno mayor, pero que ganan menos que ella entonces se alejan porque no quieren sentirse menos hombres frente a una mujer tan triunfante.
Si quizás tuviera la suerte de armar una relación con uno de ellos, uno de los más valientes, tiempo después comprueba que mientras su sed de conocimiento es insaciable y desea más, la de su compañero se ha calmado hace rato, por lo que no le interesa seguir buscando libros ni nuevos viajes. Se presenta de nuevo la encrucijada ¿quedarse insatisfecha o seguir buscando?, igual estará, al menos durante un tiempo, insatisfecha porque para tener plenitud desea compañía.
Es difícil no sentir solidaridad con Catalina II luego de conocer un poco más a fondo su historia. No es sorprendente que se la tildara de ninfómana, pues parece que el vulgo le da esta denominación a las mujeres que muestran deseos de crecimiento, como si fuera algo privativo del género masculino.
Algo más de 200 años han pasado desde la muerte de esta mujer y las representantes de su género en nuestros días siguen frente a la misma disyuntiva sólo que con otras presentaciones, por ejemplo ¿ahorrar para viajar a donde él está? O ¿ahorrar para viajar y estudiar lo que me gusta?, cualquiera que sea la elección esta conlleva riesgo y responsabilidad, pero ninguna asegura la felicidad.
(Lo de que saliera en verso no fue intencional.)